Volver a Música Clásica

Flamenco Vida. José Vicente Resino

El Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla se incorpora al Mes de la Fotografía Flamenca acogiendo la exposición de José Vicente Resino. Uno de los objetivos del CICUS es participar en los eventos culturales más relevantes de la ciudad de Sevilla propiciando el acercamiento y la colaboración de nuestra Comunidad Universitaria con otros motores culturales. En este sentido el CICUS acoge buena parte de las Actividades Paralelas de la Bienal de Flamenco y se incorpora al Mes de la Fotografía Flamenca exponiendo el proyecto creativo personal de José Vicente Resino sobre su experiencia en los ámbitos flamencos de Sevilla y Andalucía.

Concepción Fernández Martínez
Directora del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla. CICUS

José Vicente Resino


Desde la primera edición del Mes de la Fotografía Flamenca, con la colaboración de Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS) y El museo del Baile Flamenco, presentamos la muestra del Fotógrafo José Vicente Resino. Con el Título “FLAMENCO VIDA” deseamos presentar al público una obra de calidad y muy representativa dentro de MFF, con unas inquietudes casi documentalistas.

Por otro lado, queremos hacer notar que el lugar elegido para la exposición de Resino es la antigua fábrica de tabacos, uno de los lugares mas flamencos de nuestra ciudad dónde “Carmen” se paseaba y dio lugar así a uno de los grandes mitos de la Historia Moderna.
Su obra es intimista, sincera y vital. Resino es un fotógrafo del flamenco cuya trayectoria se ha ido trazando como un mapa por medio mundo hasta retornar, hace ahora 19 años, a su lugar de origen y partida: España.

José Vicente Resino nace en Madrid el 7 de Marzo 1955. Transcurre su infancia entre los barrios de Orcasitas y Pan Bendito, y su adolescencia y juventud en Caño Roto, barrios tradicionalmente habitados por un gran número de gitanos. Aunque vivió muy cerca nunca se relacionó con ellos, todavía recuerda lo que su madre le repetía: “no te acerques a los gitanos”.

Resino deja España a la edad de 19 años y decide ver la vida desde otros horizontes. Recala en Inglaterra donde vivirá año y medio, y es allí dónde compra su primera cámara y descubre que lo que desea en la vida es ser Fotógrafo. Comienza entonces una serie de viajes por media Europa: Estocolmo entre otras ciudades, donde todo le a llevando por casualidades hasta los Estados Unidos. Aquí permanece durante medio año entre Massachussets y Los Angeles, entonces y acerca de México por el año 74 y ante negativa del Consulado Mexicano de concederle el visado (relaciones diplomáticas rotas con España), Resino, al revés de los mejicanos que entraban en Estados Unidos, decide entrar como “mojado” a México donde toda su trayectoria artística y personal experimenta un intenso cambio.

En Latinoamérica vivirá 14 años: 12 en México y 2 en Guatemala. En México conoce a la que hasta hoy es su esposa, y en Guatemala nace su hijo en la comunidad indígena de Santiago Atitlán donde Resino pasa dos años registrando los diferentes aspectos de la cultura de este pueblo. Por la situación política en este tiempo (1980) y un hijo recién nacido decide abandonar Santiago Atitlán con mucho dolor, pues dejaba a una población con la que había compartido experiencias maravillosas. Fascinado por las culturas indígenas, regresa a México y se establece con su familia en San Cristóbal de las Casas, en el Estado de Chiapas, donde el Instituto Nacional Indigenista le encarga un registro fotográfico sobre la vida y costumbres de las comunidades indígenas del estado. ¡Justo lo que el más deseaba! Una experiencia inolvidable que le lleva cinco años.

Motivado porque su hijo con nueve años conociera el lugar donde su padre había nacido y por dar a conocer su trabajo, en 1989 se trasladan a Madrid ciudad en la que su mujer y su hijo se encuentran encantados. Se instalan en la casa de su juventud en el barrio de Caño Roto, y es entonces cuando Resino decide tomar contacto con el pueblo gitano.

Mirando por su ventana las chabolas dispuestas como en los poblados que él bien conocía en América, se da cuenta que vive delante de una gente de la cual nada sabe, pero que le encantaría saber, y decide coger su cámara y presentarse en las chabolas a exponerles este sentir. En contra de todo lo imaginado los gitanos lo acogen desde el primer momento en sus casas, lo invitan a pasar a la chabola y tomar café. Resino quedó directamente enganchado a este sentir gitano, y rápidamente pensó en el flamenco. En México había escuchado por primera vez a Camarón y quedo prendado de la forma en la que este gran artista expresaba un arte al que él nunca había prestado atención. Caño Roto es conocido por haber dado al mundo del flamenco varios artistas flamencos, sobre todo grandes guitarristas.

Resino comprende escuchando al cantaor de La Isla que existe una vida dentro del flamenco, un sentir profundo y único que lo empuja a frecuentar los teatros, tablaos y bares madrileños buscando esa esencia flamenca. Pero esta vez sí encontró dificultades, los artistas le ofrecían su arte pero fuera de ello su vida seguía siendo privada. Acude en 1994 a la Bienal de Flamenco de Sevilla y lo intenta de nuevo en teatros, tablaos y camerinos dónde es invitado a la Fiesta de la Bulería de Jerez y es entonces en el Sur donde por fin encontró “esa gente” que buscaba, esos artistas grandes que se sientan contigo a charlar, y que te dejan formar parte de algo tan único como es el flamenco, y donde no hay mas que verdadero arte sin pretensiones.
Entre 1994 y 1998 trabajaba en Madrid con un solo fin en su cabeza, conseguir dinero para regresar al Sur, donde ya había hecho grandes amigos en Triana, Lebrija y el Barrio de Santiago y San Miguel en Jerez.

No era fácil y se presentaron las dificultades económicas que sufrió para seguir a estos flamencos por media Andalucía.

“los flamencos siempre me ayudaron, no sólo fui bien recibido y tratado como uno más (sin dejar de ser un gachó) sino que ellos sabían que lo que determinaba el tiempo que iba a estar con ellos dependía de lo que me durara el dinero, y en contra de lo que tradicionalmente se piensa de los flamencos, ellos me lo hicieron todo mas fácil y me ayudaban para que el dinero me durara lo más posible”


De esta forma Resino consiguió realizar este trabajo permitido, en el que ninguna de las imágenes fueron tomadas sin el consentimiento por parte de los flamencos.

El respeto y la admiración se reflejan en estas imágenes que han sido muy cuidadas por su autor y las cuales ha sacado del “baúl”. Resino tiene una trayectoria profesional de casi 30 años y por supuesto tiene currículum profesional, pero esto de los currículums no le va mucho, por eso no lo cuenta. Aunque una cosa sí quiere dejar clara y es que aún cuando ha convivido con los pueblos indígena y gitano nunca ha intentando ser un indígena o un gitano, sino un tipo curioso e inquieto con ganas de compartir experiencias con estas culturas y, por supuesto dejar un documento gráfico de ellas.

Resino ante todo quiere reflejar las personas que viven por y para el flamenco:

“A ellos dedico mi trabajo porque sin ellos nunca habría sido posible”

Los flamencos son los grandes protagonistas de “Flamenco Vida” por encima de la fotografía y del artista.
Resino quiere agradecer al pueblo gitano y flamenco todo lo que le han dado (incluidas “las fatigas”) y desea dedicar a ellos estas preciosas imágenes llenas de sentimiento, deseándole una larga vida al flamenco y a todos aquellos que dedican su vida a un arte tan único y tan nuestro, tan genial y tan genuino. Como dijo Camarón:

“En el flamenco no hay escuelas, sólo hay dos cosas: transmitir o no transmitir”

La obra de Resino es un pilar fundamental dentro de la fotografía flamenca que no podía faltar en esta primera edición del MFF. Nos enseña mediante sus imágenes la sencillez, lealtad y respeto que este mundo le despierta. La colección expuesta es una experiencia propia sin pretensiones, un homenaje al flamenco y a los flamencos.

Isabel Rollán
Historiadora de Arte Coordinadora del MFF